viernes, 2 de enero de 2009

Un equipo de Jaén en Egipto

El Antiguo Egipto cada vez tiene menos secretos para la humanidad. Y parte de culpa corresponde a un grupo de investigadores de la Universidad de Jaén que, dirigidos por Alejandro Jiménez Serrano, desarrollan un proyecto de conservación y puesta en valor de la Tumba QH 33, situada en la necrópolis Qubbet el-Hawa, Asuán.

La necrópolis de Qubbet el-Hawa es una de las más importantes de Egipto, debido a que era el lugar donde se enterraba a los nobles que controlaban la frontera sur del país. Tenía una gran importancia por su punto de vista estratégico y por ser una zona con canteras de piedra de gran calidad, donde destaca el granito. Además, esta necrópolis no sólo es importante desde el punto de vista monumental, sino también desde el histórico, ya que contiene inscripciones que han facilitado las reconstrucciones de la situación geopolítica de algunas épocas.

Hasta el momento hay unas setenta tumbas descubiertas, pero se calcula que hay otras tantas sin descubrir. De las descubiertas, no todas están excavadas, por lo que la UJA decidió excavar la tumba QH33. Esta tumba se halló quemada a finales del siglo XIX, y por esta razón no se había investigado aún, pero la gran ventaja es que todos sus materiales están intactos. Los objetivos principales de la campaña 2008 fueron: el levantamiento topográfico del sitio, y la realización de medidas para el fomento del turismo; el estudio geo-mecánico del yacimiento, ya que el material principal de la colina es la arenisca; y finalmente la excavación, documentación y estudio de los materiales de la tumba.

«Nos encontramos con varios problemas al empezar con la investigación de la tumba. En primer lugar no teníamos planos, ni cartografía, ni bibliografía; el terreno de trabajo era arena de desierto, sin posibilidad de obtener algún perfil arqueológico; y además, era paso obligado de los turistas», comenta Alejandro Jiménez. «En esta primera campaña, que duró 46 días, pretendíamos limpiar el exterior y colocar una puerta metálica que protegiese la tumba una vez abierta para continuar en campañas posteriores», explica el investigador.

El primero de los descubrimientos fue un pozo de 10,32 metros de profundidad, del tamaño exacto para que entrase un sarcófago, donde probablemente se enterró al noble que ordenó construir la tumba, y del que todavía no se conoce su identidad, aunque se piensa que puede ser el padre de uno de los propietarios de una tumba cercana, y por tanto, mantiene una similitud con ella. «El fondo del pozo está colmatado de piedra, por lo que puede que el enterramiento original esté intacto», argumenta el profesor Jiménez Serrano.

La gran sorpresa durante la excavación del exterior de la tumba, fue la altura de la puerta de entrada a la misma. Se calculó al empezar que ésta tenía unos 2,5 metros, similar al resto de las tumbas, pero finalmente obtuvieron una puerta de 4,89 metros, lo que la convierte en la puerta de tumba más grande de toda la necrópolis.
......................

No hay comentarios: